lunes, 4 de noviembre de 2013

Más universidades en Medellín sí, pero ¿para qué, cómo y para quiénes?


Alguna vez escuché decir que es muy difícil desaprobar o refutar cualquier iniciativa que aluda a la educación como solución a las carencias sociales. Pero a veces, por lo menos, es necesario dejar abierto el debate, pues no siempre el entredicho está en el “Qué” sino en el “Cómo” de las cosas.

Si el planteamiento es que Medellín y sus hijos requieren de un mayor acceso a la educación superior, inevitablemente tendríamos a que aplaudir a ciegas la propuesta de la Administración Municipal de crear tres nuevos campus universitarios. Sin embargo en una sociedad convulsionada por olvido al que se ha sometido la educación superior pública y que sufre con una reforma que cesa en dilatarse cada vez más, afirmar que la infraestructura al granel es la base de la solución a que poco más del 50% de nuestros jóvenes accedan a una carrera profesional, suena y se ve como el vuelo solitario de una golondrina que busca hacer verano.

Una idea pertinente hasta cierto punto de vista, pero a la que todavía le falta esclarecer bastas interrogantes para dar el siguiente paso, porque no es justo que ya estemos hablando de compra de predios y diseños, cuando la ciudad no conoce el fondo del proyecto, la materia prima de nutrirá a cada una de las sedes.

Para explicar el alcance de la propuesta citó las letras de la periodista, Fernanda Cañas, en artículo (http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/N/necesita_medellin_mas_campus_universitarios/necesita_medellin_mas_campus_universitarios.asp) publicado el pasado 3 de noviembre en el periódico EL COLOMBIANO:

“Los Campus Universitarios Sapiencia serán tres: el campus Pedro Nel Gómez, que está pensado en convertirse en una gran ciudadela en la zona de Robledo -donde, en un futuro, se integren físicamente el ITM, el Colegio Mayor y el Pascual Bravo-; el campus de la paz y la no violencia, que construirían en el lote donde antiguamente funcionó la cárcel de mujeres Buen Pastor y con el que pretenden darle un nuevo significado a ese espacio del barrio que ha estado marcado por el conflicto; y, finalmente, el campus de la Feria de Ganado, que ofrecerá formación a los jóvenes en el campo agropecuario y biotecnológico”.

El problema radical no es que no haya en donde estudiar una vez concluido el bachillerato. Cualquiera que se dé a la tarea de indagar en el directorio de instituciones de educación superior, instituciones universitarias e instituciones de educación para el trabajo se llevará la sorpresa de que la ciudad cuenta con más de un centenar de establecimientos dedicados a “formar profesionales”. ¿Entonces por qué todos los jóvenes no están cursando un estudio superior?

Sencillamente porque no son una opción real o grata para muchos de los egresados.

Una buena proporción son las universidades con acreditación de alta calidad  a las que solo se entra condicionado por la calidad del aspirante, tipo Universidad de Antioquia o Universidad Nacional, o por la calidad del aspirante sumado a la calidad del bolsillo del padre de familia, tipo Eafit, UPB o el CES.
Otra parte se haya en una gama media, más accesible económicamente pero carente de cupos, tipo Pascual Bravo, Tecnológico de Antioquia, ITM, Jaime Isaza Cadavid, entre otras instituciones que con un crecimiento limitado cumplen en la medida de sus posibilidades. No obstante la matrícula no es gratuita y para el joven de la comuna, esa zona donde solo accede en promedio el 15% de los bachilleres, destinar semestralmente alrededor de un millón y medio para pagos administrativos y sostenimiento no es una opción que seduzca.

Y en la cola de la lista de encuentran las instituciones de poco reconocimiento académico y público. Esta arista de la oferta desluce porque en ocasiones es costosa, el pago no es negociable, y su reputación no es la garantía que el joven y sus padres buscan para el anhelo de un futuro próspero. Ellos también tienen derecho a soñar con una educación de calidad y un diploma que enorgullezca con la llegada de cada visita.

La conciencia nos disuade por sentido común que no se trata de estudiar por estudiar y el argumento de cimentar nuevas sedes no se puede sustentar únicamente en crear espacios que blinden a nuestros jóvenes del conflicto exterior, cual guardería.    

Así entonces nos encontramos con un escenario en el que opciones para estudiar hay, pero condicionados por la ascendencia social o el estigma académico. Y en esa ruta la propuesta de edificar más campus universitarios debe cuidarse de no redundar en la “discriminación positiva” y de no convertirse en un elefante blanco del conocimiento.

¿Por qué tres sedes y no dos o cuatro? No tengo esa respuesta. Lo cierto es que quienes conocen a fondo la cotidianidad de la vida universitaria, saben que el costo de sostenimiento de unas buenas aulas, laboratorios y bibliotecas, el ornato y aseo, los servicios públicos, pero sobre todo el costo administrativo de una planta docente calificada con los dotes necesarios para formar en el rigor y los raseros que exige la sociedad contemporánea, establecer una política de bienestar que proteja a los estudiantes de la latente deserción, aspirar a formar en posgrados y propender por la generación de nuevo conocimiento a través de la investigación y mejores condiciones sociales mediante la extensión solidaria, definitivamente no son apuestas que impliquen una partida presupuestal paliativa o segmentada según el gobierno de turno.

Sería necesario entonces conocer y discutir cómo se van a escribir estos capítulos antes de dar como un hecho la compra de los predios y la ejecución de diseños. Cada área del conocimiento requiere de espacios acordes a sus especialidades; y ese es un detalle que no puede considerarse como un factor de menor consideración.  

Ahora, puede que peque por desconocimiento profundo, pero si es así, celebraría que se socializara con la ciudadanía, pues son ellos quienes con sus recursos harán posible este proyecto y veo necesario que se sume la voz de expertos en la materia, para que el fundamento de estas nuevas sedes universitarias no sea solamente el eco que se escucha desde cada comuna y que clama por más acceso a la educación superior.

Como ciudadano y como simple curioso quisiera saber bajo qué rótulo académico se cobijarán estas nuevas sedes. Si acaso serán un proyecto de descentralización de otras instituciones universitarias ya existentes o la partida será desde cero.

Quisiera saber sí, más allá de la noble propuesta de agrupar a las instituciones en lo que se conocerá como ciudadela Pedro Nel Gómez, también se está pensado en fortalecer lo que ya existe. Algunos pasillos del Pascual Bravo no se compadecen con su historia y la vergüenza de ver caer los pilares y techos de nuestras casas del saber, como sucede trágicamente hoy en Bogotá con la Universidad Nacional, es un lujo que ni siquiera puede considerar la ciudad más innovadora del mundo. 

Además Antioquia y Medellín no están exentos del mal que aqueja la educación superior en Colombia. Las mejores cifras hablan de un 50% de deserción y en el peor de los casos nos señalan que entre el 70 y el 80% de los jóvenes que se matriculan en algún tipo de estudio superior, no lo logra concluirlo, lo cual supone tiempo, recursos y el esfuerzo una institución, un docente y un estudiante que se van al trasto.

Es necesario que quienes no ingresen al ciclo superior lo hagan y en los mejores términos, pero es aún más imperativo que garanticemos que quienes tienen el privilegio hoy de acceder puedan concluir con éxito su formación profesional. No hacerlo solo traerá más desesperanza y frustración.

Nadie cuestiona, por ejemplo, que el país requiere de manera urgente de una reforma a la salud, pero cientos de miles si marchan, se resisten y proponen ante la medida parcial que esgrime el Gobierno Nacional.

Es de aplaudir entonces que una Administración ponga sobre el mantel la educación superior como prioridad del desarrollo, pero sin embargo siento que la mesa todavía no está servida con los suficientes condimentos (argumentos) para dar por satisfecha la demanda social.

El alcance y la responsabilidad de las palabras de la Vicealcaldesa Claudia Restrepo son inmesas y por lo tanto es hora de abrir el debate…

Juan Fernando Arenas Quiroz
Periodista

Universidad de Antioquia

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